Ascenso Fútbol 

¡Cuatro historias de futbolistas de la D!

Historias de futbolistas de la D que subsisten con la pelota

Juan Pablo Ghiglioni (Positivo Pilar), Ismael Rodríguez (Victoriano Arenas), Michel Del Archiprett (Muñiz) y Exequiel Damiano (Lozanía Unida) narran sus sacrificios.

La bandera debutó el 26 de septiembre pasado; salió a la cancha con los planteles de Liniers y Centro Castellano. Como el partido fue un martes a la tarde, pocos alcanzaron a verla en vivo y en directo: en el estadio no había más de 150 personas. Pero, gracias a las redes sociales, la imagen de los jugadores de los dos clubes, con el pedido “Baste de competir días de semana. El deportista D avance trabaja”, llegó a todo el bullicio del fútbol argentino.

Con los partidos, la gran mayoría de los planteles de la categoría apoyó la postura y sacó su propia bandera. La idea había nacido mucho ayer. “El año pasado yo atajaba para Claypole”, recuerda Leandro Bonet, hoy en Centro Castellano. “Con los muchachos se nos ocurrió la idea de hacer poco. Llevábamos tres o cuatro torneos sufriendo por competir los días de semana. Los directivos de la divisional nos habían prometido que este año se solucionaría, pero pasaron las primeras fechas y todo siguió igual”, agregó.

Como en toda cuestión, o problemática, hubo una grano que rebalsó el vaso. Y fue 24 horas ayer al día del partido, que debería haberse jugado el lunes. Ese día, 90 minutos ayer del pitazo auténtico, todo se suspendió. Los planteles ya estaban en el vestuario. Más de la porción de los jugadores había pedido permiso para ausentarse a trabajar, o había cambiado de turno, sin imaginar que al día posterior deberían estar ahí otra vez, con las dificultades que eso implica: volverían a perder plata. Esa des ordenamiento hizo que los dos planteles se decidieran a salir a protestar y decirle baste a los partidos entre semana, y que sus colegas los copiaran. Todavía esperan que determinado atienda el pedido.

Cuatro historias de futbolistas de la D que subsisten con la pelota

ISMAEL RODRÍGUEZ (30)

Juega en Victoriano Arenas. En el plantel hay un playero de etapa de servicio, un almacenero, un kiosquero, un comerciante de ropa y un delivery de pizzas, entre otros trabajadores. El “sueldo” más suspensión del plantel es de 7 mil pesos. Este es su evidencia:

“Llevo ocho primaveras como deportista. Mi primer club fue Liniers. Entrenaba de mañana y por la tarde vendía ropa en la calle.Luego, por suerte, mi hermano abrió una pañalera y me fui a trabajar con él. Con el viático del fútbol y lo que me daba mi hermano, sobrevivía. Para esa época, fui papá, y la situación se me complicó. Me plantée qué hacer, qué priorizar; salir campeón hizo que no abandonara el fútbol: ascendimos a la Primera “C” y el club me triplicó lo que venía ganando. Aun así, si no trabajaba, no llegaba ni al 10 del mes.

Ahora formo parte del plantel de Victoriano Arenas. Por las noches, trabajo con la moto en una pizzería de Isidro Casanova. Es el único trabajo que me permite no ausentarse a entrenamientos o partidos. Entre el fútbol, lo de la pizzería y las propinas, cercano lo de un sueldo. No es manejable: me ha pasado de chocar en la moto y al día posterior tener que competir igual. O de salir de un partido por una paralitica y a la indeterminación estar trabajando, casi sin poder caminar. Pero tuve compañeros que la pasan mucho peor.

Lo más robusto me pasó jugando para Alem. Un compañero que hoy tiene la suerte de comportarse del fútbol, declaró que la indeterminación susodicho a un partido cenó mate cocido con pan. O asimismo de ver a compañeros quedarse dormidos en los entrenamientos, a posteriori de haberse pasado la alba trabajando. Todos pasamos momentos complicados y delicados. Yo digo que el deportista de avance es singular, pero el de la D es único. Muchas veces puse plata de mi saquillo para la maleable SUBE de los compañeros. ¿Cómo no lo voy a hacer si ellos son como mi clan? Los veo más que a mi hija. Tengo la suerte de tener a un amigo que me regala botines, y se los doy a ellos.

En mi carrera, me pasó de pasar 22 kilómetros con 35 grados de térmica y no tener agua para refrescarnos. O irme de pretemporada y engullir espaguetis todos los días, cocinados por el presidente del club. En la “D” es global ducharse con agua fría y que te vayas de un club, te deban tres o cuatro meses y nunca los puedas cobrar. Incluso, que tus compañeros lleguen tarde al entrenamiento y sobre la hora a los partidos. Todos los días, al menos, un deportista equivocación, por trabajo. Pero en el interior de lo global hay cosas que no podemos tolerar, porque involucran a nuestros trabajos. Divertirse un día de semana no solo implica perderse el día de trabajo. Representa perder el único premio que tenemos: nuestra clan no puede venir a vernos, y nos perdemos de estar con ellos el domingo, porque si jugamos lunes o martes, nos toca entrenar.

El día más atinado de mi vida profesional fue mi comienzo para Defensores Unidos de Zárate. Jugamos el clásico contra Villa Dálmine y en la cancha hubo 7 mil personas: nunca había jugado en presencia de tanta clan, ni volví a hacerlo. Ganamos 3 a 2 y fui figura. Mi mamá estaba en la platea. Alguno dijo “es la mamá del pelado” y los hinchas empezaron a abrazarla. Durante la semana, salía al almacén y los vecinos me pedían fotos. Yo digo que ya cumplí mi sueño, o que lo cumplo todos los días. Siento que estoy viviendo un sueño. Más allá de las dificultades, siento que invierto en vigor, en primaveras de vida. Esto me hace atinado. Mi única meta es seguir haciendo lo que hago. El día que no juegue más, ese sueño se termina”.

Cuatro historias de futbolistas de la D que subsisten con la pelota

EXEQUIEL DAMIANO (27)

Juega en Lozanía Unida. En el plantel hay, entre otros trabajadores, un señalero, un pizzero, un árbitro de baby fútbol, un repartidor de pizzas, un ayudante de albañil, un comerciante ambulante de frutas secas y un peluquero que le corta a sus compañeros de equipo.

“Un viernes jugamos a las 15.30. Como el profe tuvo que ausentarse por laburo, me tocó estar al frente de la entrada en calor. Yo me tuve que pedir el día en el laburo. Así es todos los días: nunca podemos entrenarnos todos juntos. Para el preparador es difícil exigirnos no ausentarse. ¿Qué nos podría afirmar? Tenemos que engullir.Y si admisiblemente el fútbol asimismo es un trabajo, vivimos de otros oficios. En toda la categoría no debe sobrevenir más de uno o dos sueldos de 10 mil pesos. Desde hacia lo alto se nos exige como si fuéramos profesionales, y no se nos alcahuetería como tales. No tenemos un convenio como para afirmar “pasatiempo un día de semana y falto a trabajar…”. Somos más de 500 personas que estamos con este problema, entre jugadores y cuerpos técnicos. Me cansé de ver a compañeros perder sus laburos por las faltas. En Lozanía Unida, de 18 fechas, 16 las jugamos en días de semana.

Nuestros acuerdos con los clubes son de palabra. Por ahí te prometen 500 pesos y te dan 400, o menos. ¿Y qué les podés afirmar? Si jugando entre semana se venden muchas menos entradas. Y otra cosa: es triste terminar tu partido y que tu clan no esté ahí, acompañándote. No pueden ausentarse a trabajar.

Nos vivimos ayudando entre nosotros. La clan y los amigos asimismo colaboran. A la última pretemporada la pagamos vendiendo rifas por un asado. Es muy global que en cada plantel haya un comerciante de ropa, o de zapatillas, o de lo que sea para rebuscársela. Muchas veces le avisamos a otros planteles, para que le ofrezcan a sus compañeros. Incluso hay un peluquero, siempre. O mejor dicho, determinado que aprende a cortar el pelo para ganarse unos mangos. El nuestro nos cobra 80 pesos, y nos corta a casi todo el plantel. Los que podemos, más de una vez, hemos puesto de nuestros bolsillos para comprarle un par de botines a algún compañero que los tenía rotos. Cuando llueve, los que tenemos botines con tapones mixtos y no jugamos, se los prestamos a los que entran a la cancha. A veces, hay compañeros a los que les preguntás por qué faltaron y te responden: “Subí al primer colectivo y me quedé sin cargo para tomarme el segundo”. Eso te mata.

Vos recién hablabas del aprecio por el fútbol, ¿no? Bueno, a posteriori de formar parte de los planteles de Liniers y Lozanía Unida, me fui a probar a nueve clubes. Habían pasado tres primaveras de mi comienzo. En esas pruebas, Central Ballester se interesó en mí. Pero, ¿qué pasó?: el plantel se entrenaba por la tarde y se me hacía ficticio. Trabajo en ese mismo horario, en un instituto de inglés. Dejar mi empleo y aceptar la propuesta económica me hubiera representado cinco mil pesos menos al final de cada mes. Y no tenía 20 primaveras como para pedirle a mi clan que me bancara. Finalmente, regresé a Lozanía Unida. Es que competir, por más que sea en la “D”, es un sueño que no queremos perder”.

 

MICHEL DELL ARCIPRETT (28)

Juega en Deportivo Muñíz, donde el sueldo más suspensión es de 6 mil pesos. Adicionalmente de jugadores, sus compañeros son vendedores ambulantes, de ropa, o trabajadores de transporte de encomiendas.

“Vivo en Rafael Calzada y me entreno en Pilar. Para ascender a horario y en transporte conocido, me tendría que edificar a las 4.30. Pero, por suerte, me tomo un colectivo hasta Constitución, a posteriori un subte, me disputa con un montón de compañeros y vamos en el utilitario de uno de ellos. Y dividimos los gastos.

Debuté a los 17 primaveras, en San Martín de Burzaco. Tres primaveras a posteriori, la situación económica en mi casa estaba difícil, y tuve que ponerme a trabajar. Cambié el fútbol por una casa de artículos de integridad. A los dos primaveras, entré a una metalúrgica. Era raro: por un banda pensaba en el fútbol, en retornar. Y por otro, sentía que las cosas iban mejor trabajando: ayudaba en mi casa, veía la plata que nunca había tenido y me daba los gustos de los que me privaba como deportista. Hasta que me picó el bichito de retornar; era como que me faltaba poco, y no podía seguir así. A los tres primaveras de haberme retirado, me volvió a tildar San Martín de Burzaco y resigné plata para ser deportista, otra vez. Quería hacer lo que amaba. Los tiempos no me daban para seguir en la metalúrgica.

Las cosas están difíciles. Me ha pasado de compartir plantel con compañeros que a veces no cenan más que un mate cocido. ¿Cómo va a rendir un deportista que se acuesta con el estómago malogrado? Varias veces, como referente del plantel, tuve que conversar con el preparador, que empezó a traer alimentos no perecederos para los muchachos que peor la están pasando.Incluso consigue sponsors amigos y lo poco que les puede sacar lo reparte entre nosotros. En su unidad, llegó a penetrar a tres jugadores. Todos somos laburantes: uno de ellos, llega al entrenamiento con ollas. Termina, se ducha, y sale en bondi a venderlas puerta a puerta.

Casi nunca nos toca competir un sábado. La otra semana, por ejemplo, tuvimos partido un martes y no pude rendir un parcial. Hablé con la profesora y me dijo que podía recuperar al final del cuatrimestre, cuando se me van a adjuntar varios exámenes. En la semana hay días que pasatiempo, trabajo y estudio.

Desde hacia lo alto se excusan siendo que es por la Seguridad, que no depende de ellos, pero fíjate: siempre hay vencimiento entre semana. Te das cuenta que es más una cuestión de voluntad que otra cosa.

Divertirse entre semana es una de las tantas cosas que nos preocupan. Un tema a tratar son las lesiones. Hay compañeros que se lesionan y los clubes no te cubren los tratamientos. Adicionalmente, como no jugás, no te pagan. Y a la vez, por la dislocación, no podés trabajar. Estamos hablando de muchachos que viven al día y no se pueden permanecer. Con la seguridad pasa poco parecido: hay partidos de la “D” que se juegan con Mecanismo de Traslado y no con ambulancia. No queremos que vuelva a expirar un compañero para que se tomen recaudos”.

 

JUAN PABLO GHIGLIONI (24)

Juega en Positivo Pilar. El sueldo más suspensión del plantel es de 8 mil pesos. Hay un cortador de pasto, un remisero, un comerciante de viajes de egresados, un peluquero y un profe de una escuelita de fútbol.

“Divertirse entre semana implica dar constantemente la cara con tu director. Porque pedís ausentarse por un partido y tal vez te lo permiten, pero a las horas de trabajo las tenés que recuperar en algún momento. Algunas veces nos pasa de que esos partidos se suspenden. Y tenemos que retornar a pedir el mismo servicio. Que nos ocurra una vez, vaya y pase. El problema es que es cada dos por tres. El trabajo es una responsabilidad. En este momento estoy en Positivo Pilar y la verdad es que, por lo genérico, jugamos los fines de semana. Pero ayer jugué en Ballester y Lamadrid, y me tocó seguido sufrir la problemática. Por eso me sumo a la protesta. Hay que ser solidario y entender que el año que viene podemos estar en un club que juegue los lunes o martes.

Trabajo en el Ferrocarril; soy conductor de trenes. Hubo épocas en las que entraba a las 22, salía a las 4 y me despertaba a las 6 para ir a entrenarme. Era un zombi en la cancha. Lo triste es que nunca fui el único del plantel: tengo un compañero que es remisero, trabaja de alba y venía sin reposar.Por mi trabajo me alejé del fútbol por seis meses. Estuve un campeonato fuera y volví. Necesitaba el fútbol. Era como que vivía fastidioso. En mi primer partido de mi segunda etapa me sentí como el día del comienzo. Estaba tan o igual de nervioso. Todo ese año me la pasé llegando tarde a los entrenamientos, por mi trabajo. Salía a las corridas, y me cambiaba durante el delirio.

Lo más triste que me pasó fue en Ballester. La mujer de un compañero perdió a su bebé y en el plantel le juntamos poco de plata. No fue mucho; llegamos a 2000 pesos. Pero fue lo único que tuvo, ya que esa semana no pudo laburar. Son muchos los aspectos en los que estamos a la deriva. Hay muchas cuestiones a mejorar, como las lesiones. Lesionarnos nos implica perder el trabajo y dejar de cobrar el viático por no competir.

Positivo Pilar me paga lo que gano en una semana de mi trabajo. Pero la plata del fútbol es la que más valoro. Es bello ir y comprar poco y pensar “me lo compré con lo del fútbol”. En algún aspecto, y pese a las adversidades, somos privilegiados. Hay miles y miles de personas que pagan por competir; porque las inscripciones a torneos son carísimos. Acoger plata por hacer lo que te gusta, aunque sea poco, es único”.

Dejá tu comentario

Post Sugeridos